Ubicada en las colinas de Antria, a las afueras de Arezzo (Toscana), Villa La Ripa es un lugar donde la tradición vitivinícola se une a la investigación científica y la innovación sostenible. Saverio Luzzi, médico y antiguo investigador universitario, fundó la finca en el año 2000 con el objetivo de revivir el espíritu renacentista de la histórica villa. No solo replantó sus viñedos, sino que también inculcó un renovado sentido de la calidad y la belleza que refleja el paisaje toscano.
Hoy en día, Villa La Ripa produce alrededor de 30 000 botellas de vino al año, con un potencial de alcanzar las 60 000. Su cartera incluye elegantes Sangiovese, mezclas Super Tuscan y vinos blancos de distinción. Pero lo que realmente la distingue es un proyecto de economía circular que ha dado un nuevo valor a los subproductos de la elaboración del vino.
La idea surgió de una simple idea familiar. «Soy médico, acostumbrado a los laboratorios y la investigación, y mi hija es farmacéutica con experiencia en cosmética. Combinamos nuestras habilidades», explica Luzzi. «La idea era reutilizar las pieles y las semillas de la uva, que normalmente se desechan, para crear una línea de productos naturales para el cuidado de la piel».
De hecho, el proyecto cosmético es el resultado de una colaboración única entre padre e hija: la formación científica de Saverio Luzzi proporcionó una base sólida para el desarrollo del laboratorio, mientras que la formación farmacéutica de su hija y su experiencia directa en la producción de cremas aportaron los conocimientos necesarios para formular productos de alta calidad para el cuidado de la piel.
Lejos de ser improvisado, el proceso implicó exhaustivas pruebas, ensayos y una estrecha colaboración con un laboratorio cosmético especializado. ¿El resultado? Productos para el cuidado de la piel que conservan algunas de las propiedades más valiosas de la uva y que han sido recibidos con entusiasmo, desde los visitantes de la bodega hasta los profesionales del sector sanitario, incluida una dermatóloga estadounidense que realizó un pedido considerable para sus pacientes.
«El enoturismo desempeñó un papel fundamental», señala Luzzi. «Muchos de nuestros clientes, especialmente las mujeres, sienten curiosidad por probar las cremas. En cuanto las prueban, se dan cuenta de que son algo muy diferente, y siguen volviendo desde todas partes del mundo».
Sin embargo, detrás de este éxito hay algo más que un marketing inteligente. Se trata de una filosofía profundamente arraigada. «Villa La Ripa también se fundó con la visión de continuar la investigación», afirma Luzzi. «Ya hemos patentado técnicas para reutilizar los tallos de la vid y ahora estamos explorando cómo recuperar y reutilizar los aromas del vino. Es más que una estrategia comercial, es una forma de pensar: todo lo que producimos en la finca debe valorarse, reutilizarse y nunca desperdiciarse».
Esta mentalidad encaja perfectamente con los objetivos del proyecto europeo ACE-EX (Agriculture Circular Economy Expert), cofinanciado por el programa Erasmus+ y dirigido por el Instituto Técnico Superior de Nuevas Tecnologías de la Vida (ITS) de Bérgamo. El proyecto reúne a 20 socios de 9 países europeos y no europeos, todos ellos comprometidos con el avance de la innovación circular en la agricultura.
Villa La Ripa demuestra que transformar los residuos en valor no solo es posible, sino que es un camino hacia nuevas oportunidades, donde el vino da vida a mucho más que una simple botella.
Para obtener más información sobre el proyecto ACE-EX: https://ace-ex.eu